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Constelaciones Familiares, hablemos un poco más

En las últimas décadas oímos hablar frecuentemente de ellas y para la persona que ha asistido a un Taller en grupo o ha recibido una sesión individual de Constelaciones Familiares, resulta un poco complicado explicar a un tercero en qué consisten y qué es lo que allí ocurre.

Su uso extendido tiene que ver con la intervención sobre aspectos que nos afectan a todos en general en mayor o menor medida: la salud, dinero, relaciones familiares, de pareja, profesionales, conductas repetitivas y con otras mas específicas como abusos, maltrato, sensación de vivir doble vida, ideas obsesivas…

De modo que, hasta aquí,  sabemos que sirven para ayudarnos sobre aspectos que se relacionan con nuestra sensación de felicidad, equilibrio o bienestar.

¿Pero en qué modo actúan, en qué se fundamentan?

La filosofía sobre la que establecen su fundamento tiene que ver con las Leyes que gobiernan los Sistemas Familiares, son leyes que, al igual que la Ley de la Gravedad, acordémonos de Newton y la manzana, actúan sobre nosotros de un modo ineludible, aunque no tengamos ninguna conciencia de su existencia.

Es decir, son Leyes que están por encima del individuo y que si no se respetan generan consecuencias que nos afectan intensamente como persona y como sistema.

Son tres leyes, a las que Bert Hellinger, el padre de las Constelaciones Familiares, denominó las Leyes del Amor ya que es amor lo está actuándonos, a veces amor desordenado, pero siempre amor.

En esto coincide con nuestro genio del siglo XX, Albert Einstein : “Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el Amor.”

 

Esas leyes que vehiculizan la fuerza universal, se concretan en: Pertenencia, Jerarquía y Compensación. Todos formamos parte, todos tenemos nuestro lugar y todos damos lo que antes recibimos.

 

Todos formamos parte de una familia, pero por inconsciencia o no, a veces excluimos a alguno de los nuestros: porque no se ajusta a nuestras normas o las normas y leyes sociales, nos avergüenza, o refleja aspectos de mí mismo que no soy capaz de aceptar. O excluimos por dolor: recordar por ejemplo a quien tuvo una muerte temprana a veces nos resulta insufrible y preferimos hacer que no existió.

 

 

Todos tenemos nuestro lugar, primero vienen los abuelos, después los padres, después los hijos…. No puedo ocupar el lugar de otra persona, no puedo reemplazar a nadie. No puedo por ejemplo hacer de madre, ni de hermano,  ni de pareja de mi padre o mi madre.

Todos damos lo que antes recibimos, y de quién primero recibimos es de nuestros padres, lo tomamos y debemos darlo a nuestros hijos o a la sociedad: no lo devolvemos a los padres ni nos lo guardamos.

El Ser humano, en su inconsciencia y desorden, incumple continuamente esas leyes, generando caos y confusión en su sistema y en su vida.

Repitiendo generación tras generación ese mismo caos que imposibilita que la energía fluya libremente en el sistema debido al incumplimiento de esas Leyes del Amor que queramos o no, las reconozcamos o no, creamos o no en ellas, están detrás de todo el movimiento que ordenado y en respeto nos impulsa y conduce a la experiencia y conexión con la Vida.

Las Constelaciones Familiares, con la ayuda como facilitador del terapeuta en grupo o en sesión individual, actúan en la restauración de las leyes que no se estaban respetando, liberando la energía bloqueada de la persona, de su sistema familiar o del asunto o aspectos del problema con los que se esté trabajando.

Promueven en el individuo y el sistema familiar el respeto y conexión con la fuerza y las leyes universales que están detrás de lo que nos une y nos mueve.

 

Mª del Pilar Molina Ruiz

Terapeuta Transpersonal, Licenciada en Psicología.

Directora de “Casi Natural”

www.casinatural.com   –  Cofenat nº 5086

Mamá, ¿me quieres?

Las madres creemos que queremos a nuestros hijos por encima de todo, o así nos han contado que debería ser, ¿no es cierto?. La idea de que estemos actuando de un modo incongruente con esa creencia acerca del amor maternal y de que se ponga en entredicho nuestro “sentir” nos hace “rebelarnos” de inmediato. En este breve artículo nos centraremos exclusivamente en el “sentir de las madres separadas/divorciadas en rencor y desamor y la repercusión en los hijos”.

 

 

La buena mirada de una madre es el motor que nos impulsa a la vida, sentirnos aceptados, acogidos y amados por ella nos abre las puertas a la buena relación con nosotros mismos y la buena relación con el Universo.

Las dificultades en la pareja, las discusiones, los desencuentros y finalmente las separaciones, en las que no hay respeto ni amor entre el hombre y la mujer, condicionan profundamente el “sentir” de los padres hacia los hijos.

Si la mujer no ha podido superar lo perdido o lo que cree que ha perdido al separarse de su pareja. Si siente rabia, dolor, rencor por los años invertidos junto a ese hombre, si siente que ha sido engañada, manipulada, empequeñecida, abusada o maltratada; de un modo consciente o no, puede trasladar esos sentimientos hacia los hijos frutos de esa unión rota.

El hijo de estos padres separados, en los que no hay respeto ni amor, casi siempre de un modo no consciente, va a sentir el rechazo que genera en su madre todo lo que viene de su padre.

Todo lo que viene de su padre, no es ni más ni menos que la mitad de esa persona, es la mitad de lo que el hijo es.

De su padre “viene” toda la energía, sabiduría y experiencia de su rama familiar, los abuelos, bisabuelos, ancestros.

Para la madre, la mitad del hijo refleja aquello de lo que quiere separarse e incluso en muchos casos, aquello que le gustaría que desapareciese, que dejase de existir o que nunca hubiera ocurrido.

 

Si el hijo preguntara al inconsciente de esa madre:

          Mamá, ¿me quieres?

La respuesta de ese inconsciente sería:

          Solo quiero lo que viene de mí, solo la mitad de lo que eres hijo mío.

          Solo amo de ti lo que viene de mi, de mi rama familiar, de mis padres, abuelos, bisabuelos y ancestros.

Solo amo de ti, aquello en lo que me reconozco.

          Rechazo en ti, tu otra mitad. Rechazo en ti, lo que tienes de tu padre, de mis ex suegros y de sus familias.

En ti veo a tu padre y solo puedo experimentar ese rencor, rabia, decepción y deseos de que no exista.

Hijo, no puedo amarte completo, no puedo amarte entero, tal y como eres.

 

Ese “sentir” consciente o no de la madre, es el responsable de un profundo malestar en el hijo, de una carga existencial que le impide amarse plenamente y recibir en su integridad su herencia ancestral.

Le separa emocionalmente de la madre ya que, al igual que el padre, se siente rechazado. En muchos casos le hace sentir enojo hacia ella, con la que comienza un doloroso juego de acercarse y alejarse en la necesidad de sentir su amor y a la vez saber que ese amor es perjudicial por que le aleja de su padre y de la mitad de si mismo.

Cuando en las Sesiones Individuales de Constelaciones Familiares observamos esa dinámica en la relación de la madre con su expareja y con el hijo fruto de ambos, casi siempre, suele darse una resistencia de la madre a aceptar ese rechazo y lo que nos está mostrando la constelación.

Las madres creemos que queremos a nuestros hijos por encima de todo, o así nos han contado que debería ser, ¿no es cierto? La idea de que estemos actuando de un modo incongruente con esa creencia acerca del amor maternal y de que se ponga en entredicho nuestro “sentir” nos hace “rebelarnos” de inmediato.

La madre se defiende con argumentos que, tras la evolución del proceso en la Sesión terapéutica, van cayendo y diluyéndose en una comprensión profunda y reveladora acerca de lo que una parte de ella misma ya conocía sobre la relación con su hijo pero que, hasta este momento en la sesión, se sentía incapaz de verbalizar y asimilar.

A partir de ese reconocimiento, se abre una luz de esperanza, un nuevo camino hacia la reconciliación y sanación de la relación.

 

Mª del Pilar Molina Ruiz

Terapeuta Transpersonal, Licenciada en Psicología.

Directora de “Casi Natural”

www.casinatural.com   –  Cofenat nº 5086